Alexandra y Eloi, boda en l’Avellana

Eloi y Alexandra se conocieron en la Universidad de Arquitectura y desde el inicio de la relación el triángulo, la forma geométrica perfecta e indestructible, ha marcado sus vidas,. Tanto es así que lo llevan tatuado y fue sin duda uno de los elementos más importantes de su auténtica boda heartmade, una celebración sin protocolo y ese punto desenfadado. 

Querían disfrutar de un fin de semana épico lleno de amor, juegos, bailes y risas, así que reunieron a sus testigos en una masía cerca del lugar de celebración y alargaron la boda hasta el domingo. 

Se cambiaron en la masía junto a sus amigos y damas de honor todas vestidas de color verde y disfrutaron de un first look mágico.  

Para su gran día Alexandra confió en Teresa Helbig y lució un vestido de dos piezas ‘la parte de arriba de manga corta, cuello redondo y cogida por un botón en el cuello que dejaba la espalda abierta, una pieza bordada a mano de cristales transparentes que le daban un brillo a la cara que ningún otro vestido me había dado. También quería que entre la parte de arriba y la falda hubiera un mínimo espacio donde se intuyera la piel y rompiera con la continuidad del vestido’, nos comenta.

Completó el look con unos pendientes hechos a medida por la Joyería Serramia, unos zapatos de salón plateados de Michael Kors y un look beauty sofisticado por parte de Vanesa Álvarez. 

El ramo fue sorpresa hasta el último día y combinaba toques verdes y granates, creado para la ocasión por Javier de 5 Floristeria Mood Shop 

Eloi por su parte se decantó por un traje tres piezas azul de Hugo Boss con corbata granate. 

Como buenos arquitectos, es espacio y el entorno cobraba mucha importancia. Así, la masía L’Avellana, en Riudecols (Tarragona) fue el lugar escogido permitiéndoles celebrar cada momento de la boda en un escenario diferente a medida que los invitados descubrían cada uno de los detalles. Primero, la ceremonia muy minimal decorada con bancos de madera, afombras kilim marcado el paso, mucho verde y granate y una puerta por la que entrar en el paraíso por la que la novia entró con la canción I’m Feeling good de Michael Bublé. Más tarde la zona del aperitivo donde los novios les dieron la bienvenida al son del PianoBar con música en directo y finalmente la zona del banquete con una combinación de mesas redondas e imperiales llenas de velas con un punto mágico, íntimo y muy acogedor. ‘Nuestra idea era poder sentarnos un ratito en cada mesa para poder disfrutar de todos. Y así lo hicimos, empezamos sentados en medio de la mesa larga de los primos para el sorbete, seguimos sentándonos en la mesa de los amigos del novio para el plato principal, el postre lo hicimos en la mesa de mis amigos, y acabamos los cafés y licores en la mesa “presidencial” con mis padres, mis suegros y las personas más importantes. Después del banquete pasamos a la zona de la discoteca bajo la carpa de luces, donde terminamos la noche’

Como regalo para los invitados escogieron marcos en blanco, negro y madera y colocaron una foto con todos los invitados en un corner simulando el comedor de su casa en el que se podía leer ‘El millor regal són els moments que hem viscut junts’ o lo que es lo mismo, los mejores regalos son los momentos que hemos podido vivir juntos. 

Y para inmortalizar este gran día nadie mejor que Robert Marcillas, autor también de la boda de Judit y José en La Farinera, quién captó a la perfección ese día tan especial para Alexandra y Eloi que hoy disfrutas en primicia en el blog. 

   

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