Este año, la pequeña de la familia cumplía siete años y teníamos claro que queríamos celebrarlo como se merecía: con una fiesta llena de color, flores, música y juegos. Así que nos pusimos manos a la obra y decidimos viajar hasta México sin salir de casa. Bueno, quizá no literalmente, pero sí conseguimos que durante unas horas nuestra celebración se llenara de guirnaldas mexicanas, sombreros, flores de colores y un montón de pequeños detalles que hicieron que el cumpleaños de Gala fuese muy especial.
Para la decoración nos inspiramos en la estética mexicana más colorida y festiva. Llenamos el jardín de guirnaldas típicas, flores y colores vibrantes, creando ese ambiente alegre que buscábamos desde el principio. También utilizamos botes de conservas de colores como parte de la decoración y fuimos repartiendo flores por diferentes rincones. Y, por supuesto, no podían faltar los sombreros mexicanos. Porque si vamos a celebrar una fiesta mexicana, había que meterse en el papel hasta el final.
Queríamos que los niños no fueran simplemente invitados, sino que también formaran parte de la fiesta. Por eso preparamos unos bigotes y pulseras personalizadas con sus propias caras. Fue uno de esos detalles que preparamos pensando en las risas que provocarían y que terminaron convirtiéndose en uno de los accesorios estrella de la celebración. También preparamos coronas de flores para las niñas, que llenaron todavía más de color las fotos y consiguieron que por un rato todos nos sintiéramos un poquito mexicanos.
Para la parte gastronómica también quisimos mantener la temática. Preparamos mazorcas de sémola de maíz para los invitados, que además de estar pensadas para compartir, encajaban a la perfección con la estética de la celebración. Y llegó uno de los momentos más esperados: la tarta.
Para nuestra cumpleañera preparamos un pastel de dos pisos decorado con flores y mucho color, siguiendo la estética alegre que habíamos elegido para toda la fiesta. Una de esas tartas que entran por los ojos antes incluso de probarlas y que, colocada entre flores, guirnaldas y sombreros, parecía hecha para esta celebración.
Porque una fiesta mexicana sin piñata no podía ser una opción. Preparamos una piñata con forma de burrito mexicano y esperamos al momento más divertido: ese en el que todos los niños se reúnen alrededor, preparados para conseguir que caigan las sorpresas.
Entre golpes, risas y algún que otro bigote que terminó descolocado, llegó el momento de poner el broche final a la fiesta.
Y así celebramos los ocho años de la pequeña de la familia: rodeados de los nuestros, con muchísimo color, flores, sombreros, bigotes, una piñata burrito y, sobre todo, muchas ganas de celebrar. Porque si algo nos gusta es buscar cualquier excusa para juntarnos y montar una fiesta. Y cuando la protagonista es Gala, todavía más.



