La boda de Alba y Mateo en Mallorca

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Hay historias que empiezan en un lugar lejano y, sin saberlo, terminan encontrando su sitio exacto en el mundo. La de Alba y Mateo comenzó en Montréal, Canadá, durante un intercambio en su último año de carrera. Allí, entre nuevas rutinas y una ciudad que lo cambiaba todo, se encontraron sin imaginar que ocho años más tarde, celebrarían su boda en Mallorca, una isla que para Alba siempre había sido mucho más que un destino.

Mallorca es, de alguna manera, su lugar de origen emocional. Su madre y toda su familia materna son de allí, y desde pequeña ha vivido la isla como un refugio al que siempre volver. Casarse en Palma no era solo una elección bonita, era un sueño que llevaba años imaginando. Y ese sueño tomó forma en una ceremonia cargada de emoción en la iglesia de Santa Eulàlia. Allí, la música de su prima junto a sus compañeros del conservatorio de Palma acompañó uno de los momentos más emocionantes del día.

El vestido de novia de Alba fue una elección muy clara desde el principio. Tenía claro que quería un diseño de Cortana, no solo por la estética limpia, dulce y cuidada de la firma, sino también por su vínculo con Mallorca. Fue el único atelier al que fue a probarse vestidos, y desde el primer momento supo que no necesitaba buscar más. El resultado fue un diseño que la representaba por completo, con un movimiento y una versatilidad que la hicieron sentirse ella misma desde el primer instante. El peinado, un moño que ya forma parte de la identidad de Alba, se reinventó para la ocasión de la mano de Bel Stylist, consiguiendo un resultado que mantenía su esencia pero con un aire especial para el día de su boda.

La decoración floral siguió esa misma sensibilidad natural y honesta. El ramo lo hizo la madre de Mateo, algo que añadió un valor emocional imposible de medir. Alba la conocía desde hacía años y siempre había admirado sus arreglos, así que confiarle su ramo fue una decisión tan fácil como evidente. El resultado fue aún más especial de lo que había imaginado. En la finca, las flores de Abrilfloresmil completaron la escena con una propuesta silvestre, otoñal y de temporada que encajaba a la perfección con el espíritu del lugar.

La papelería fue un proyecto muy personal, diseño de la novia junto a su primo. El seating plan, inspirado en Montréal, rendía homenaje al lugar donde empezó todo: cada mesa incluía una acuarela que representaba un detalle de la ciudad.

Para la celebración eligieron Els Calderers, una finca histórica en el pla de Mallorca que parecía hecha a medida para ese día. Un espacio versátil y lleno de encanto que, con el clima espectacular que les acompañó, se convirtió en el escenario perfecto para una boda que respiraba calma, belleza y alegría. Durante el cóctel, la música de dos rumberos que Alba conoció en otra boda en Barcelona lo cambió todo: consiguieron que absolutamente todos los invitados terminaran bailando, en un arranque de energía tan espontáneo como contagioso. Tanto es así que después de la boda ya hay varias parejas pidiendo su contacto para sus propias celebraciones. Y cuando cayó la noche, el DJ Leo, al que conocieron en un local de noche de Madrid el día que anunciaron su compromiso a sus amigos, se encargó de mantener la pista viva hasta el final, con una fiesta de esas que nadie quiere abandonar.

Y detrás de cada imagen, el talento de Jorge Vela en fotografía consiguió capturar todo lo que se vivió, desde la emoción más íntima hasta la celebración más desatada.

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