Natalia y Rodrigo, boda en el Pazo de Touza

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Natalia y Rodrigo se casaron en el Pazo de Touza en Nigrán un 26 de Julio. En el Valle de Valmiñor, al sur de Pontevedra, se esconde este romántico Pazo gallego con los colores inconfundibles de la Galicia rural. El Pazo se alza en una casona gallega del siglo XVI que conserva su torre original y que fue restaurada en el siglo XVIII.

La finca está rodeada por un gran jardín de árboles autóctonos ya centenarios. Destaca el inmenso roble bajo el que se celebró la ceremonia civil y también su precioso jardín de hortensias azules. La gama cromática que eligieron para la decoración floral de la boda los novios se inspiró en los colores del jardín de la finca  y sus tonalidades de lilas y azules. Natalia tuvo muy claro desde el principio los colores y fue muy fácil definir el estilo de toda la decoración para que se integrara naturalmente en el ambiente. La ceremonia fue muy entrañable, como recoge la fotografía espontánea de Fluxus Fotografía, sobre todo por las emotivas palabras que leyeron las dos hermanas de la novia y los dos hermanos del novio.

Natalia escogió un vestido a medida de l’Arca de tul de plumetti de algodón de color marfil, con escote en uve delante y detrás, rematado con un volante ancho de  encaje de bolillos en el escote y en la falda, un guiño al tradicional encaje a bolillos que todavía se hace en el pueblo gallego de Camariñas. Lució unos zapatos de medio-tacón de Enepe y unos preciosos pendientes largos tipo art-decó de plata y marquesitas, que combinaban con el estilo vintage del vestido y con el pequeño prendido de flores de azahar de cera.

El ramos de flores corrió a cargo de Afloreria. Era un bouquet silvestre compuesto por materiales naturales de buen secado, limonium blanco, rosa y lila en diferentes variedades, paniculata blanca y tanacetum blanco roto y toques de aster lila claro. Le añadieron también materiales de flor seca, todo en la gama cromática de rosa, lila y blanco roto. Natalia quería un ramo que después fuese fácil de secar y se quedase como el primer día. De hecho, uno de los momentos más emocionante fue cuando la novia lanzó el ramo desde el balcón del pazo.

Como no es de extrañar, no faltaron los mariscos y el pescado gallego para agasajar a los invitados que venían de todas la partes del mundo hasta Galicia. Natalia vivió cerca de cuatro años en Estados Unidos y cinco en Inglaterra. “Me hizo mucha ilusión poder juntar a muchos de los amigos que hice en el extranjero. Asistió incluso una amiga de Nueva York, que hacía  diez años que no veía“

 

 

 

 

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